Este o Aquel
El Tercer Día.
Ya van tres noches con Atripla, las dos primeras mañanas tuve la famosa sensación de resaca, que duró apenas unas horas; hoy me he levantado como un día normal. ¿Se acabaron ya los efectos secundarios de los primeros días? Todavía temo el rash cutáneo que afecta a un gran porcentaje, pero este suele salir durante las primeras semanas. Atripla y yo nos vamos haciendo amigos, tendremos que convivir durante mucho tiempo, tenemos que fijar una amistad duradera, y parece que vamos por buen camino.
Pedro Zamora

Hace unas semanas me topé de casualidad con una nota sobre Pedro Zamora en internet, nunca antes había oído hablar de él. Muerto en 1994, con 22 años, Zamora nació en Cuba, en 1972, con ocho años emigró a Miami con parte de su familia, en el famoso éxodo de Mariel. Con 17 años se ofreció como voluntario para donar sangre y le detectaron el virus. Pedro dio una charla en su instituto sobre el tema y pronto se hizo famoso en todo el país, comenzó una gira por Estados Unidos como conferenciante sobre la prevención del virus del VIH, pero su verdadero salto a la fama ocurrió cuando participó en el programa The Real World San Francisco, en la MTV. He podido ver el programa esta semana, online en la web de la cadena musical: http://www.mtv.com/shows/realworld-season3/series.jhtml
Hace poco se estrenó una película sobre su vida: “Pedro”, que pude ver ayer. No deja de impresionar la sonrisa de este joven cubano, diagnosticado en una época en la que todavía era muy fácil morir de SIDA, una sonrisa que entró en todos los hogares norteamericanos a mediados de los noventa y puso una cara amable a una terrible enfermedad.
Vihncero
Anoche tomé mi primera dosis de Atripla sin mayores complicaciones. No sentí nada al principio, una hora después un ligero mareo como si me hubiera bebido una copa de vino. Nada excepcional. Me dormí enseguida, me desperté dos o tres veces por la noche, pero retomé el sueño con rapidez. Esta mañana, en cambio, me he levantado como si estuviera de resaca; leve dolor de cabeza, aturdimiento, un poco mareado. Un café y una ducha me han ayudado. Noto que me cuesta concentrarme, pero la sensación de sopor disminuye conforme avanzan las horas. Estoy contento de no haber tenido una reacción fuerte en mi primera toma. Espero que las cosas sigan así. Tengo ánimos, como Calaf, creo que venceré.
Un, Dos... ¡Atripla!
Se acerca el momento, en breve tomaré mi primera pastilla rosa. He cenado hace un rato, esperaré dos horas para tener el estómago vacío. No sé cómo resultará mi primera vez. Estoy algo inquieto, todo el día con la mente en otra parte. Mientras escribo esto, la pastilla de Atripla descansa sobre la Norton Anthology of English Literature, pero pronto estará en mi estómago, después en mi sangre, defendiéndome del enemigo. Tendremos una relación posiblemente muy larga, -¿años?- o quizá no pueda tolerarla el primer día, será entonces como un polvo breve de una noche. Mañana veré si es posible que avancemos juntos.
Una nueva vida comienza ahora.
Ritorna Vincitor versión Leontyne Price
La Salvación es Rosa
Dentro de 48 horas comenzaré el tratamiento antirretroviral. Apenas he tenido cinco meses para hacerme a la idea del nuevo huésped que tengo en casa, confiaba en que tardaría varios años en comenzar la medicación, pero el ejército enemigo ha ido ganando territorio rápidamente. No me queda otra alternativa, mi salvación depende de una pastilla rosa que tendré que tomarme todas las noches. He buceado estos días en experiencias ajenas contenidas en foros de internet sobre la píldora mágica y sus collateral damages. He leído de todo, desde el testimonio anónimo que refiere que tomar Atripla es como tomar una aspirina, hasta los famosos efectos de borrachera y sueños vívidos. Una persona, un mundo. Veo en un foro americano a unos seropositivos de Nueva York quejarse de lo poco que duran los efectos secundarios de la pastilla; algunos que la tomaban antes de irse de fiesta a Chelsea, añoran la fuerza con que Atripla les golpeaba las primeras noches. Es posible que a partir del jueves se abran nuevas puertas, if the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, infinite.
Good bye, soberness.
Los Hospitales
Estos últimos meses he estado recordando unas palabras de Sergio Pitol que en cierta manera siempre he compartido: “Adoro los hospitales. Me devuelven las seguridades de la niñez: todos los alimentos están junto a la cama a la hora precisa, basta oprimir un timbre para que se presente una enfermera, ¡a veces hasta un médico! Me dan una pastilla y el dolor desaparece, me ponen una inyección y al momento me duermo, me traen el pato para que orine (...) me pasan libros, cuadernos, plumas… “ Yo también me he sentido siempre raramente feliz en los hospitales. Cuando tenía 16 años tuve que operarme y pasé varios días en uno de ellos, los recuerdo como días alegres, toda mi familia alrededor, colmado de regalos. Ahora es distinto, afronto una enfermedad solo, el día a día se convierte en un eterno minuto de introspección y soledad, pero cuando voy al hospital a hacerme los análisis, entonces vuelvo a ser feliz, cuando me sonríen las enfermeras, cuando el doctor me estrecha la mano, los ánimos, el cariño que recibo. Mucha gente tiene miedo de los hospitales, pero yo me siento custodiado en ellos, a salvo de las inclemencias del exterior. Sí, soy bastante raro.
