Dentro de 48 horas comenzaré el tratamiento antirretroviral. Apenas he tenido cinco meses para hacerme a la idea del nuevo huésped que tengo en casa, confiaba en que tardaría varios años en comenzar la medicación, pero el ejército enemigo ha ido ganando territorio rápidamente. No me queda otra alternativa, mi salvación depende de una pastilla rosa que tendré que tomarme todas las noches. He buceado estos días en experiencias ajenas contenidas en foros de internet sobre la píldora mágica y sus collateral damages. He leído de todo, desde el testimonio anónimo que refiere que tomar Atripla es como tomar una aspirina, hasta los famosos efectos de borrachera y sueños vívidos. Una persona, un mundo. Veo en un foro americano a unos seropositivos de Nueva York quejarse de lo poco que duran los efectos secundarios de la pastilla; algunos que la tomaban antes de irse de fiesta a Chelsea, añoran la fuerza con que Atripla les golpeaba las primeras noches. Es posible que a partir del jueves se abran nuevas puertas, if the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, infinite.
Good bye, soberness.

0 comentarios:
Publicar un comentario