Primer mes


Ayer se cumplió un mes desde que empecé con la medicación. No fue fácil al principio, pero mirando atrás veo que los efectos secundarios han sido mínimos y que tomar una pastilla al día no me supone un cambio fundamental en mi vida, hasta ahora ha sido una rutina más que incorporar. Todavía no sé los cambios que habrá producido en mi cuerpo, me encuentro ahora de viaje, lejos de España, pero la primera semana de diciembre volveré al médico para hacerme nuevos análisis y ver cómo ha funcionado la pequeña pastillita rosa.

Efectos Secundarios


Lo más temido de empezar una terapia antirretroviral son los efectos secundarios, si bien los medicamentos actuales apenas tienen efectos mencionables, cada persona es un mundo. Llevo 20 días con el tratamiento, los dos primeros días tuve algo de mareo, después casi nada. No he sufrido ni los famosos sueños vívidos, ni la erupción cutánea, ni los cambios de humor, pero desde hace unos días tengo náuseas, no son difíciles de llevar, apenas lo noto, pero por las mañanas me cuesta desayunar, soy incapaz de masticar nada hasta unas horas después. Espero que el paso de los días me ayude a superar este contratiempo, y pueda volver a disfrutar con mis desayunos, que siempre ha sido mi comida favorita del día.

La Vida Sigue

Hasta ahora, la noticia de la infección por VIH, ha estado en un segundo plano en mi vida durante estos cinco meses que han transcurrido entre la información de mi estado serológico positivo hasta el comienzo de la medicación. Un análisis determina que tengo el VIH en mi cuerpo, pero no tengo ningún síntoma, me siento perfectamente de salud y no necesito medicación. Cuando llega el momento de comenzar con la terapia antirretroviral todo cambia. Hasta ahora uno no es consciente de la enfermedad, sabes que está ahí, pero no puedes notarlo, no tomas ningún medicamento, sólo sigues unas recomendaciones de vida sana, deporte y buena alimentación. Para que la enfermedad exista se necesita un protocolo. Esta es la diferencia entre las personas VIH positivas que se medican y las que no. Mientras permaneces con las defensas altas, sin tener que tomar ninguna pastilla, el VIH no se presenta como una enfermedad en sí, sabes que algún día tendrás que medicarte, pero mientras tanto sigues una vida normal. Hoy es mi noche número doce con Atripla. Afortunadamente los pocos efectos secundarios apenas me duraron dos días. Me encuentro bien, pero ahora soy más consciente de tener un virus, cuando cada noche, antes de dormir, trago mi pastilla rosa.

Este o Aquel

En los últimos días no paro de escuchar Rigoletto. Es una ópera que me gusta entera, de principio a fin, no tiene desperdicio. El Questa o Quella, si cambiamos algunos datos circunstanciales, bien puede resumir una etapa de mi vida.

El Tercer Día.

Ya van tres noches con Atripla, las dos primeras mañanas tuve la famosa sensación de resaca, que duró apenas unas horas; hoy me he levantado como un día normal. ¿Se acabaron ya los efectos secundarios de los primeros días? Todavía temo el rash cutáneo que afecta a un gran porcentaje, pero este suele salir durante las primeras semanas. Atripla y yo nos vamos haciendo amigos, tendremos que convivir durante mucho tiempo, tenemos que fijar una amistad duradera, y parece que vamos por buen camino.

Pedro Zamora


Hace unas semanas me topé de casualidad con una nota sobre Pedro Zamora en internet, nunca antes había oído hablar de él. Muerto en 1994, con 22 años, Zamora nació en Cuba, en 1972, con ocho años emigró a Miami con parte de su familia, en el famoso éxodo de Mariel. Con 17 años se ofreció como voluntario para donar sangre y le detectaron el virus. Pedro dio una charla en su instituto sobre el tema y pronto se hizo famoso en todo el país, comenzó una gira por Estados Unidos como conferenciante sobre la prevención del virus del VIH, pero su verdadero salto a la fama ocurrió cuando participó en el programa The Real World San Francisco, en la MTV. He podido ver el programa esta semana, online en la web de la cadena musical: http://www.mtv.com/shows/realworld-season3/series.jhtml

Hace poco se estrenó una película sobre su vida: “Pedro”, que pude ver ayer. No deja de impresionar la sonrisa de este joven cubano, diagnosticado en una época en la que todavía era muy fácil morir de SIDA, una sonrisa que entró en todos los hogares norteamericanos a mediados de los noventa y puso una cara amable a una terrible enfermedad.

Vihncero

Anoche tomé mi primera dosis de Atripla sin mayores complicaciones. No sentí nada al principio, una hora después un ligero mareo como si me hubiera bebido una copa de vino. Nada excepcional. Me dormí enseguida, me desperté dos o tres veces por la noche, pero retomé el sueño con rapidez. Esta mañana, en cambio, me he levantado como si estuviera de resaca; leve dolor de cabeza, aturdimiento, un poco mareado. Un café y una ducha me han ayudado. Noto que me cuesta concentrarme, pero la sensación de sopor disminuye conforme avanzan las horas. Estoy contento de no haber tenido una reacción fuerte en mi primera toma. Espero que las cosas sigan así. Tengo ánimos, como Calaf, creo que venceré.

Un, Dos... ¡Atripla!


Se acerca el momento, en breve tomaré mi primera pastilla rosa. He cenado hace un rato, esperaré dos horas para tener el estómago vacío. No sé cómo resultará mi primera vez. Estoy algo inquieto, todo el día con la mente en otra parte. Mientras escribo esto, la pastilla de Atripla descansa sobre la Norton Anthology of English Literature, pero pronto estará en mi estómago, después en mi sangre, defendiéndome del enemigo. Tendremos una relación posiblemente muy larga, -¿años?- o quizá no pueda tolerarla el primer día, será entonces como un polvo breve de una noche. Mañana veré si es posible que avancemos juntos.


Una nueva vida comienza ahora.

Ritorna Vincitor versión Leontyne Price

No es la mejor, ni tampoco mi favorita, pero es primera que escuché. No he vuelto a escuchar a Price interpretar ningún rol tan bien como lo hizo en Aída.

La Salvación es Rosa


Dentro de 48 horas comenzaré el tratamiento antirretroviral. Apenas he tenido cinco meses para hacerme a la idea del nuevo huésped que tengo en casa, confiaba en que tardaría varios años en comenzar la medicación, pero el ejército enemigo ha ido ganando territorio rápidamente. No me queda otra alternativa, mi salvación depende de una pastilla rosa que tendré que tomarme todas las noches. He buceado estos días en experiencias ajenas contenidas en foros de internet sobre la píldora mágica y sus collateral damages. He leído de todo, desde el testimonio anónimo que refiere que tomar Atripla es como tomar una aspirina, hasta los famosos efectos de borrachera y sueños vívidos. Una persona, un mundo. Veo en un foro americano a unos seropositivos de Nueva York quejarse de lo poco que duran los efectos secundarios de la pastilla; algunos que la tomaban antes de irse de fiesta a Chelsea, añoran la fuerza con que Atripla les golpeaba las primeras noches. Es posible que a partir del jueves se abran nuevas puertas, if the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, infinite.

Good bye, soberness.

Los Hospitales

Estos últimos meses he estado recordando unas palabras de Sergio Pitol que en cierta manera siempre he compartido: Adoro los hospitales. Me devuelven las seguridades de la niñez: todos los alimentos están junto a la cama a la hora precisa, basta oprimir un timbre para que se presente una enfermera, ¡a veces hasta un médico! Me dan una pastilla y el dolor desaparece, me ponen una inyección y al momento me duermo, me traen el pato para que orine (...) me pasan libros, cuadernos, plumas… “ Yo también me he sentido siempre raramente feliz en los hospitales. Cuando tenía 16 años tuve que operarme y pasé varios días en uno de ellos, los recuerdo como días alegres, toda mi familia alrededor, colmado de regalos. Ahora es distinto, afronto una enfermedad solo, el día a día se convierte en un eterno minuto de introspección y soledad, pero cuando voy al hospital a hacerme los análisis, entonces vuelvo a ser feliz, cuando me sonríen las enfermeras, cuando el doctor me estrecha la mano, los ánimos, el cariño que recibo. Mucha gente tiene miedo de los hospitales, pero yo me siento custodiado en ellos, a salvo de las inclemencias del exterior. Sí, soy bastante raro.

Guerra Guerra Guerra

El 12 de mayo me dijeron que una guerra se libraba dentro de mi cuerpo. Ha pasado cinco meses y parece que la estoy perdiendo. ¿Venceré?